Se prendó de mí
aquella tarde cuando me miró por primera vez en el parque
No sabía yo que en
mi soledad la pensaba
Estrechamos
nuestras manos que alimentaban a los pájaros
Juntos reímos al
verlos aparearse, ignorábamos que sin plumas haríamos lo mismo. Nunca supimos
que la soledad une dos almas para hacerlas felices.